El café Americano es una de las bebidas más populares en las cafeterías de todo el mundo. Su popularidad radica en su capacidad para ofrecer los matices y sabores complejos del grano de café, pero con una intensidad menor que la del espresso tradicional y, curiosamente, con menos cafeína onza por onza que un café de filtro convencional.
A continuación, detallamos la técnica óptima y la fascinante historia detrás de esta clásica preparación.
El origen del Americano: un compromiso transatlántico
La historia más aceptada sobre el origen del café Americano nos remonta a Italia durante la Segunda Guerra Mundial. Cuando los soldados estadounidenses llegaron al país, descubrieron que la cultura cafetera local giraba en torno al espresso, una bebida que les resultaba demasiado intensa y amarga en comparación con el café de filtro al que estaban acostumbrados.
Para satisfacer a los soldados, los baristas italianos idearon una solución práctica: servir el espresso en una taza más grande acompañado de agua caliente (o mezclado con ella). Esto permitía diluir la bebida, creando un café más largo y suave que recordaba al café estadounidense, naciendo así el «Americano». (Aunque existen referencias al «Americano» en menús italianos anteriores a la guerra, los historiadores señalan que probablemente se referían al famoso cóctel a base de Campari y vermut).
Cómo preparar un Americano excelente
Para conseguir el mejor resultado, es necesario contar con una máquina de espresso (capaz de generar 9 bares de presión) y un buen molino. La clave del éxito está en la proporción y, sorprendentemente para muchos, en el orden de los ingredientes.
El ratio de oro: La proporción recomendada es de 2 partes de agua por 1 parte de espresso.
Pasos para la preparación:
- Precalentar la taza: Dado que el Americano es una bebida de volumen moderado (unos 150-165 ml en total), es vital precalentar la taza con agua caliente y vaciarla antes de comenzar para conservar la temperatura final.
- Añadir primero el agua caliente: Vierte entre 90 y 100 ml de agua caliente (a unos 93 °C) en la taza vacía. Extraer el espresso sobre el agua (una técnica similar a la del Long Black australiano, aunque con menos agua) ayuda a preservar la «crema» del café.
- Moler el café: Muele entre 17 y 18,5 gramos de café fresco directamente en el portafiltros.
- Preparar el portafiltros: Nivela y compacta el café molido con el tamper, aplicando el mismo cuidado que si fueras a tomar el espresso solo.
- Extraer el espresso doble: Coloca la taza con el agua caliente bajo el portafiltros y comienza la extracción. El objetivo es obtener entre 45 y 55 ml de espresso. Si notas que el flujo comienza a volverse muy rubio o acuoso, detén la extracción inmediatamente.
- Servir sin remover: Este es un paso crucial. No remuevas la bebida. Dejar la capa de crema intacta en la superficie proporciona un impulso sensorial y aromático en los primeros sorbos. La crema se irá mezclando de forma natural a medida que se bebe.
Siguiendo estos pasos, se consigue un café Americano equilibrado, con gran cuerpo y que respeta todos los aceites y lípidos naturales del grano de café.
Fuente: CoffeeGeek