En España, una comida sin sobremesa es prácticamente una comida incompleta. Cuando nos reunimos para comer con familiares o amigos nos gusta alargar el festín mucho más allá del postre, charlando hasta alcanzar casi el momento de la merienda. Estas conversaciones, por cierto, suelen estar regadas con un buen café de sobremesa. Es importante que este café sea de calidad y que esté bien preparado; de lo contrario, su retrogusto podría enturbiar el recuerdo que nos llevemos de la comida.

¿A quién debemos el café de sobremesa?

Se dice que los romanos fueron los primeros en disfrutar del concepto de sobremesa, aunque ellos alargaban las celebraciones de un modo diferente. Después de las cenas, muchos de ellos se acomodaban en sus divanes y esperaban a que llegasen poetas o trovadores, actores, acróbatas y bailarines para amenizar el momento.
Con el paso de los siglos, fueron los aristócratas y los burgueses los que tomaron el relevo de los romanos y quienes reinventaron, poco a poco, las sobremesas. Inicialmente estas estaban reservadas a los hombres, que las disfrutaban comentando la actualidad y hablando de política y deportes. El café de sobremesa, por supuesto, amenizó muchas de estas tertulias posbanquete.
Hoy en día, las sobremesas no son exclusivas de ninguna clase social y tienen mucha importancia en rincones como España, Portugal o diferentes lugares de América Latina. Aunque cada país celebra sus comidas según sus propias costumbres, hay algo en lo que coinciden las regiones de España y Portugal: después de un festín, nunca puede faltar un rico café de sobremesa. 😉

Algunas preguntas sobre el café de sobremesa

Frecuentemente surgen muchas dudas en torno a cómo debe ser ese café de sobremesa que tanto gozamos en España o en Portugal. En este post intentaremos dar respuesta a algunas de ellas:

¿Cómo es el café de sobremesa perfecto?

Con el paso de los años hemos asimilado que el café, cuando sigue a una comida, cumple un papel especialmente relevante: puede ser un broche de oro fantástico o puede dejar un retrogusto que disguste a nuestro paladar y que arruine el recuerdo que nos llevemos de dicha comida. De hecho, la gran mayoría de restaurantes (hasta hace poco centrados solamente en la calidad de sus platos) se esfuerzan ahora mucho por rematar sus comidas con un delicioso café de sobremesa. Muchos chefs apuestan por granos de auténtica calidad: todos quieren conocer su procedencia e incluso se encargan de su molienda.
Algunos cafeteros son tan exigentes que nunca perdonarían que en una sobremesa le sirvieses un café de cápsula: consideran que el café de sobremesa ha de prepararse con mimo y con mucha calma, sin escatimar tiempo y cuidando todos los detalles.

¿Café cortado o café solo?

Otra pregunta que circula mucho entre los cafeteros trata de despejar qué tipo de café es mejor para una sobremesa. En España es muy habitual concluir una comida bebiendo un café cortado o, en algunos casos, un café con leche (acompañado incluso por las típicas pastas de café). Muchas personas desconfían del café expreso como broche para un festín por considerarlo demasiado fuerte y amargo. Sin embargo, son bastantes los amantes del café que defienden que un café expreso es el mejor café de sobremesa porque en una comida, al igual que en una cata de quesos, los sabores más fuertes e intensos siempre se sirven al final.
En Galicia, así como en algunas zonas de Portugal y Brasil, tienen un café de sobremesa favorito: el café de pota . Este café resulta muy aromático e intenso y se prepara de un modo muy particular: sus granos, bastante gruesos, se infusionan en una olla y se dejan macerar en agua caliente durante unos minutos.

¿Un café demasiado fuerte eclipsará los sabores de la comida?

Algunas personas preguntan a menudo si servir un café fuerte después de una comida eclipsa o no al resto de sabores que se han degustado.
Comidas como el queso, las olivas o las preparaciones picantes sí brindan un potente y sabroso retrogusto responsable de que las sensaciones en boca y nariz que provocan dichos alimentos perduren tras haber sido ingeridos. Por tanto, hay que tener un cuidado especial cuando el retrogusto del café pueda solapar el regusto de algunos alimentos también conocidos e ingeridos por su postgusto.
Sin embargo, el regusto no suele ser lo deseado en otro tipo de alimentos o platos (a nadie le gusta una receta que le deje en boca un intenso sabor a cebolla, a pimiento, a ajo…). Por lo que, en general, cuando un plato está bien preparado y balanceado no suele contener sabores que nos molesten por su excesiva intensidad y que puedan echar a perder el café de después.

Café y comida, comida y café

Y es que a muchos amantes del café les resultaría prácticamente imposible imaginar una buena comida sin un café de sobremesa. Tanto es así que muchos chefs han querido satisfacer por partida doble a estos coffee lovers e incluso han incorporado esta bebida en algunos entrantes o primeros platos: se marinan alimentos con café y especias, se hacen asimismo tempuras con café o crema de café… ¡Las leyes de la cocina están para actualizarlas y renovarlas!
Cuando se trata de disfrutar de un café de sobremesa y cuando estos se dan con bastante frecuencia, solo hay una norma o regla a seguir según algunos expertos y nutricionistas: las personas con déficit de hierro que consumen alimentos ricos en este mineral deberían dejar unos cuantos minutos (en torno a 60) entre el último plato y el café para que los polifenoles presentes en la bebida no entorpezcan su absorción. Pueden aprovechar este tiempo para hacer un pequeño descanso entre la comida y la bebida, para recoger algunos platos… Y después, ¡a preparar el café de manera pausada para que salga de la mejor forma posible!

Y tú, ¿podrías celebrar una sobremesa sin una buena conversación y sin un buen café? ¿Cómo prefieres que sea este café de sobremesa: solo, cortado o con leche? 🙂